sábado, 31 de diciembre de 2016

2016 en imágenes

Este año que se acaba ya, 2016, ha sido pródigo en imágenes para nuestro recuerdo. Algunas son bien conocidas de los seguidores del blog, pero otras solo han sido publicadas en Facebook... o permanecen inéditas, por lo que parece oportuno compartir aquí unas y otras, a la vez que deseamos que 2017 nos traiga muchas ocasiones buenas para disfrutar y pocas (o, mejor, ninguna) como las tristes sufridas este año. ¡Feliz 2017 a todos!



Habíamos terminado 2015 con la pésima noticia del repentino fallecimiento de nuestro compañero Aníbal Jiménez Abascal, sucedido en Madrid mientras disfrutaba de sus vacaciones navideñas en España, y el 22 de febrero asistíamos al funeral celebrado en la iglesia de Santa Cruz.
En febrero y marzo, el Teatro Español programó una obra de nuestro profesor Medardo Fraile, que había sido estrenada en el Ramiro de Maeztu en el año 1949












Tras una pertinaz búsqueda en pos de una buena foto del Discóbolo, tuvimos que conformarnos con esta instantánea obtenida a partir de unas imágenes del NO·DO, aparte, claro está, de la suministrada por Juan Ramón Lozano, en la que aparecía su hermano Pedro, vestido de tuno. En esa fotografía, la escultura de Orduna ya estaba bastante perjudicada y había perdido el disco. En la que aquí publicamos, sin embargo, aparece en todo su esplendor original.





El 4 de abril se cumplían cincuenta años del fallecimiento de don Antonio Magariños. Nuestra promoción tomó la iniciativa de organizar un homenaje en su memoria que tuvo su primer hito en la emocionante ceremonia que celebramos en el cementerio de La Almudena, bajo una intensísima lluvia. 
Se puede ver un resumen aquí.

Esa misma tarde, la iglesia del Espíritu Santo acogió un acto de especial significado en el que, oficiado por Paco Brändle y un compañero de un curso anterior, intervinieron varios alumnos de don Antonio.


En La Almudena




























Paco Brändle se dirige a los asistentes a la misa del Espíritu Santo
El día 18 de mayo, en el salón de actos del Ramiro, nos reunimos muchos compañeros para asistir al homenaje académico que culminó los actos en conmemoración del cincuentenario de don Antonio. Un día en el que quienes tuvimos la suerte de poder asistir nos sentimos especialmente orgullosos de haber sido alumnos de don Antonio Magariños.

Lo que aún no hemos conseguido es que las autoridades académicas ni el propio Instituto coloquen una placa en la plaza principal que reconozca ante las generaciones venideras la inmensa y generosa labor que nuestro profesor realizó para el Ramiro de Maeztu. Somos muchos los que creemos que esa plaza en la que, día a día, le veíamos frente a nosotros antes de subir a clase debería tener su nombre. Nos parece un mínimo gesto en honor de quien lo dio todo, incluida su vida por nosotros y 'su' Instituto. Seguiremos luchando por lograrlo.
















Nuestro compañero Juanjo Molina realizó un viaje a Magariños (Pontevedra) y nos regaló un magnífico reportaje del pueblo gallego que lleva el nombre de don Antonio.
Nos hizo mucha ilusión descubrirlo.
El Café Magariño's se ha convertido ya en centro habitual de reunión de nuestra promoción. Esta foto corresponde a la reunión del 4 de julio. De pie (de izquierda a derecha): Paco González, Mariano Gomá Matilla, Javier Mendoza, Tono Tagle, José María Padrino, Paco Infiesta, Álvaro Martínez-Novillo, Carlos Bustos y Gonzalo López Solana. Sentados: Paco Brändle, Felipe Sáenz, Juan Ramón Lozano y Eduardo Sánchez López.

Autorretrato de Guillermo García Saúco
















                                                 El centenario de don Guillermo García Saúco fue otra de las grandes conmemoraciones del año.
El Museo de Albacete organizó una extensa exposición que incluía un amplio recorrido por su obra, abarcando un buen número de artes plásticas.
Fue estupendo tener la oportunidad de visitarla y, además, asistir a la conferencia que dio nuestro compañero Álvaro Martínez-Novillo sobre sus dibujos, también expuestos en la muestra.






La peor noticia de 2016 fue el repentino fallecimiento de nuestro muy querido compañero Miguel Ángel Torralba. Solo unos días antes había sido su cumpleaños y publicamos en Facebook este recuerdo al que nos contestó muy cariñoso e ilusionado con reunirse con nosotros en un próximo viaje a Madrid (residía en Sanlúcar de Barrameda). 
Una terrible e inesperada desgracia.
De nuevo en el Magariño's. Esta vez, el 12 de diciembre. De pie (de izquierda a derecha): Paco González, Gonzalo López Solana, Javier Mendoza, Marciano Cirujano, Agustín Millán (recuperado para la causa del Ramiro), Miguel Ángel Gómez Villegas, Santos Díaz, Paco Infiesta, Juan Ramón Lozano y Maria Gomá Matilla. Sentados: Santiago Cubillo, Félix González Salcedo, Álvaro Martínez-Novillo, Tono Tagle, José María Padrino y Gerardo Jimena.



Antonio Almagro fue distinguido, a finales del mes de noviembre, por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, lo que nos llenó de orgullo y satisfacción. Sin duda, una excelente manera de cerrar un año tan importante para nuestra promoción.
¡Enhorabuena, Antonio!
Y, más o menos así, llegamos al final de 2016. Un año que ha estado lleno de emociones y recuerdos, con muchas cosas buenas y alguna extraordinariamente mala.
Vamos a terminar con dos dibujos de Guillermo García Saúco que nos sirven de ilustración para lo que todos deseamos: que 2017 sea un año feliz para cuantos seguimos sintiendo nuestro paso por el Ramiro de Maeztu como lo que fue, una parte fundamental de nuestras vidas, de la que seguimos disfrutando varias décadas después. Probablemente porque, como dijo Miguel Ángel Torralba, fuimos, somos y seremos del Ramiro. Es decir, unos privilegiados. Que sigamos juntos en el nuevo año.

Guillermo García Saúco - Pueblo con campanario (acuarela)
Guillermo García Saúco - Dos figuras (apunte a pluma)



martes, 11 de octubre de 2016

En Albacete, con Guillermo García-Saúco

La expedición a la tierra de nuestro querido Sr. Saúco fue memorable.
Una primera intención nos inclinaba a decantarnos por el tren como medio de transporte idóneo para desplazarnos a una ciudad cuya distancia de Madrid (y la existencia del AVE) parecía desaconsejar un viaje de ida y vuelta (esta última nocturna) por carretera. Sin embargo, el hecho de que la conferencia de nuestro compañero Álvaro Martínez-Novillo fuese a una hora demasiado tardía como para permitir el regreso en el último tren que salía para Madrid, junto con la razonable negativa de los responsables del Museo de Albacete a atender a nuestra extemporánea pretensión de que dicha intervención (anunciada, desde hacía tiempo, por todos los medios) sufriera un adelanto sobre lo programado en el último momento, nos convenció de que un viaje en coche no era tan mala opción. Y acertamos. 

La entrada principal del Museo de Albacete















Nuestro pequeño convoy (dos vehículos y seis compañeros desigualmente repartidos en ellos) emprendió camino a mediodía del día 4 de octubre de 2016, festividad de San Francisco de Asís, con el lógico entusiasmo compartido por todos los viajeros de acudir (en representación de muchos más discípulos suyos) a la exposición que el museo de su ciudad natal había organizado con motivo del centenario de don Guillermo García-Saúco.
Álvaro Martínez-Novillo (que no podía faltar ese día en Albacete por motivos obvios), Carlos Bustos, Javier Mendoza, Carlos González Ubieta, Manolo Rincón y Paco González, se pusieron en marcha, dispuestos a hacer un viaje lento, que les permitiese disfrutar del camino y de la compañía, siempre con el homenaje al Sr. Saúco, como idea principal del acontecimiento.

La muy justificada causa de la lentitud del viaje
Una extensa parada en un muy recomendable y veterano mesón de carretera, próximo a las ruinas de Segóbriga (unida, es cierto, a un inesperado recorrido turístico por las afueras de Albacete, que se repetiría en las sombras de la noche a la salida), fomentó con su poderoso atractivo culinario la idea original de realizar la marcha sin prisa, hasta el punto de casi poner en situación de riesgo la llegada al punto de destino dentro del horario previsto. Hay que reconocer, en descargo de los seis asistentes, que la excelente comida manchega que se sirvió en el restaurante 'Las Termas de Segóbriga' de Saelices (en la que, por fortuna, estuvo ausente el clásico atascaburras, con el que tan frecuentemente suele amenazarnos Félix González Salcedo), lo justificaba. 

Carlos Bustos y Javier Mendoza, con el Sr. Saúco
Además, la pericia al volante de Álvaro y Javier, ambos avezados y hábiles conductores, permitieron recuperar el tiempo transcurrido junto a los nobles restos de la ciudad romana, sin faltar a una sola de las normas del Código de Circulación, a cualquier otra consigna de la Dirección General de Tráfico e, incluso, a las recomendaciones del Real Automóvil Club de España.

El Museo de Albacete es un lugar que, en verdad, merece una visita. Incluso sin la exposición de García-Saúco (que, por cierto, permanecerá abierta hasta el día 13 de noviembre), teniendo especial interés las salas dedicadas al arte ibérico (algunas de sus piezas son magníficas) y las de Benjamín Palencia, pero hoy nos concentraremos en las ciento treinta obras de nuestro profesor.

La muestra está dividida en cinco secciones, todas ellas muy atractivas, que describimos a continuación, una a una.



Los comienzos (1916-1942)
Guillermo García-Saúco pasa sus primeros años en su ciudad natal, Albacete. Ya desde muy joven empiezan a despuntar sus aptitudes para la pintura, conservándose algunos retratos de esa época juvenil, interrumpida por la guerra y su posterior (segundo) servicio militar en Barcelona y Marruecos. Hay un interesantísimo cuaderno de apuntes de su estancia en África.










                                    Su prima, Magdalena Castelló


Formación académica (1943-1949)
En 1943 se matricula en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde cursa estudios de pintura. 
Fue, como otros pintores de su tiempo, copista del Museo del Prado. Un período academicista en el que va desarrollando su formación artística y del que podemos ver en la exposición dibujos, bodegones, paisajes y retratos. Entre estos últimos destaca el autorretrato con el que comienza la muestra y que se ha utilizado en los carteles como imagen de la misma. Un Saúco joven, aún desconocido en la vida real por sus futuros alumnos, pero en cuyo rostro vemos ya los rasgos inequívocos de nuestro profesor.


Catedral y tejados de Albacete





















                                                Autorretrato en escayola











































Dos bonitas acuarelas romanas


Plenitud (1950-1960)
Son los años de su primer paso por el Ramiro y su posterior destino en Ávila, en cuyo instituto ejerció como profesor de dibujo. Una ciudad que tuvo una enorme influencia en su trabajo como pintor. En este tiempo conoció a Benjamín Palencia y el estilo de ambos tiene un cierto aire común en algunas de sus obras, que ganan en la brillantez de su colorido, prestando atención con frecuencia a temas rurales de gran personalidad, que se nos presentan tanto en los dibujos de sus cuadernos como en óleos y acuarelas de trazos más sueltos y pinceladas grandes.
En 1954, Guillermo García-Saúco ganó un premio de pintura en la Bienal Hispanoamericana de Arte de La Habana con su cuadro 'Tierras'.


'Tierras', obra premiada en la II Bienal Hispanoamericana (1954)




Ávila dejó una profunda huella en el arte de García-Saúco










Un campesino, cuyo colorido nos recuerda a su colega Benjamín Palencia











































Alarcón (apunte) 



Transición (1961-1984)
Vaso con flores (detalle)
Es cuando toma posesión de la cátedra de Dibujo en el Ramiro, en la que permaneció hasta su jubilación. 
Nuestras memorias son de sus primeros años en el Instituto y creo no equivocarme si digo que la mayoría de quienes fuimos sus alumnos le recordamos con gran cariño, respeto y simpatía, tanto por su calidad humana como por sus dotes académicas y buena preparación para la docencia. No son pocos los compañeros que empezaron a disfrutar del dibujo y hasta a orientar sus futuros estudios gracias a su dedicación, buen juicio y mejor aproximación a las necesidades y aptitudes de sus alumnos.

Parece que son unos años en los que la dedicación a la docencia le apartan un poco de su carrera como pintor, aunque sigue trabajando y mantiene su estilo colorista de la etapa anterior y su devoción por el dibujo.





Últimos años (1985-2005)
Ya jubilado, su pintura va evolucionando del expresionismo de sus años de plenitud hacia lienzos con paisajes más suaves, tratados con colores menos llamativos. Pese a ello, seguimos apreciando esa composición y tratamiento de los paisajes con una técnica parecida, siendo lo más notable la diferencia cromática.
Al parecer, dejó de pintar en el año 2000, abordando en esta última etapa otros temas más dramáticos y escenas urbanas, algunas de ellas tomadas de la realidad observada y otras de fotografías con personajes. Tampoco faltan los retratos, que sigue realizando con la misma maestría de siempre.






















Retrato de Giner de los Ríos




























































La exposición, muy amplia, es verdaderamente atractiva, con independencia del valor añadido que tiene para todos los que hemos sido sus discípulos, por supuesto. Sería estupendo que fuese posible organizar una en Madrid, aunque no fuese tan amplia. Lo intentaremos.


Álvaro Martínez-Novillo y 'Tierras'




El broche final fue la conferencia de Álvaro, de la que reproduzco solo una mínima parte para no perjudicar el contenido del catálogo, que aún no ha sido publicado y esperamos ansiosos. Cuando esté publicado, la incluiremos entera.
Nuestro compañero habló de 'Los dibujos de nuestro maestro', haciendo un muy interesante recorrido por los de sus cuadernos, de los que copio algunos más abajo, junto a las palabras que Álvaro Martínez-Novillo dedicó a uno de los más llamativos, el realizado por el Sr. Saúco en
1953, en Puerto del Pino:

...
Con la excepción de un interesante cuaderno dedicado al pequeño pueblo de Puerto del Pino, en la serranía sur de Albacete, en 1953, el resto de sus ellos está sin fechar y con escasas referencias al lugar o personaje que retrata. Además muchos generalmente no corresponden a una misma época, sino que va aprovechando las hojas en blanco de los cuadernos en diversos momentos, algo bastante frecuente entre casi todos los artistas que evitan dar excesiva importancia a sus apuntes, a los que consideran solo como los primeros y titubeantes pasos de su trabajo. Volviendo al cuaderno citado de Puerto del Pino hay que resaltar que es todo él, aparte de su belleza, un testimonio inigualable de la cotidianeidad de sus habitantes de entonces. Además la mayoría de sus dibujos a tinta china suele llevar el nombre del retratado, sea chico o adulto –Aurelia, Paco, Isidoro, Delfín, Clara con su gato–. También hay una vista de una casa del pueblo, que tiene mucho encanto. Este cuaderno es un conjunto completo, susceptible de ser editado facsímil, a poder ser con una sumaria información sobre el devenir de sus retratados, cuando todavía es posible que se guarde memoria de ellos. A pesar de ser un tema muy en la órbita de Benjamín Palencia, creemos que tiene la suficiente personalidad para divulgarse y solo nos queda la incógnita de saber si García-Saúco fue aquel lugar por azar o por otro motivo.
...
Tras escuchar a Álvaro y ver el cuaderno, no me queda la menor duda de que, en algún momento no muy lejano, emprenderemos una expedición a Puerto del Pino, en busca de los descendientes de los modelos del Sr. Saúco y de la memoria de su paso por aquel pequeño pueblo de su tierra.




















Para terminar, me gustaría apuntar un detalle al que, con el conocimiento que le caracteriza, hizo referencia Manolo Rincón, con respecto a la ortografía del apellido Saúco.
Manolo nos recordó que nuestro profesor nunca ponía tilde en la firma (tal como se observa en los diversos documentos que se conservan en el Instituto). Tampoco vemos tilde en la firma de sus cuadros. 



Sin embargo, consultado su sobrino (y comisario de la exposición), Luis Guillermo García-Saúco, quien nos acompañó junto a los responsables del museo, en la visita a las obras de su tío, el apellido debe escribirse con tilde y así figura en toda la documentación referente a la exposición, incluidos carteles, invitaciones y es de suponer que en el catálogo. 
Parece una osadía discutir sobre este tema con quien fue su sobrino predilecto y gran conservador de una buena parte de su producción artística, pero yo me aventuro a compartir la opinión de nuestro experto compañero, quien pocas veces (por no decir ninguna) se equivoca en temas relacionados con la historia del Ramiro y sus profesores. Pese a ello, hemos procedido a escribir el apellido Saúco con tilde, con el fin de estar en sintonía con el material que el Museo de Albacete ha confeccionado para esta magnífica exposición.

En resumen, un viaje de los que no se olvidan, en el que tuvimos la oportunidad de conocer en todo detalle, gracias a esta brillante iniciativa del Museo de Albacete y al gran trabajo de Luis Guillermo García-Saúco, la trayectoria artística de quien, además de ser nuestro inolvidable catedrático, profesor y maestro, fue un excelente pintor, ahora rescatado con esta exposición para el conocimiento de las generaciones futuras.
Haced todo lo posible por verla. Os gustará mucho.















Paco González y el autorretrato de Guillermo García-Saúco (1943)


martes, 20 de septiembre de 2016

Centenario del Sr. Saúco

Don Guillermo García-Saúco fue, además de catedrático de dibujo, un notable pintor y dibujante.
La trayectoria del Sr. Saúco en el Ramiro comenzó como profesor interino en 1949, tras un breve período el curso anterior, en el que fue 'ayudante gratuito de clases prácticas de dibujo'. En el año 1960 regresó al Instituto, ya como catedrático. 
No vamos a reproducir aquí su historial completo, que está muy bien documentado por Rosa María Muro y Manolo Rincón en su magnífica 'Documentación Histórica del Instituto Ramiro de Maeztu', a la que remito a cuantos estén interesados en conocer mejor la historia de nuestro Instituto.

Seguro que todos recordamos al Sr. García-Saúco como un gran profesor y una excelente persona, de trato amable y porte elegante. Nos consta que dejó un muy buen recuerdo en el Ramiro de Maeztu, tanto entre sus compañeros catedráticos y profesores, como entre sus alumnos.

Pues bien, en 2016 (nació en Albacete, el 22 de agosto de 1916) se cumple el centenario de su nacimiento y, con este motivo, el Museo de Albacete ha preparado una gran exposición con su obra. 




La muestra tendrá lugar entre el 23 de septiembre y el 13 de noviembre de 2016, y nuestro compañero Álvaro Martínez-Novillo da una conferencia el día 4 de octubre en la sede del museo, a la que todos estamos invitados. 
Una buena ocasión para recordar a nuestro profesor y rendirle el homenaje que merece.




viernes, 26 de agosto de 2016

La última clase del padre Mindán

Es de todos conocido que el padre Mindán fue, probablemente, el más longevo de nuestros profesores.
Manuel Mindán nació en Calanda (Teruel), el mismo pueblo del que era natural Luis Buñuel, el 12 de diciembre de 1902 y falleció en Madrid el día 19 de septiembre de 2006, cuando apenas le faltaban tres meses para cumplir ciento cuatro años de edad.
Pues bien, aunque siguió dando clases hasta los ochenta y tres años en el Centro de Estudios Universitarios, se jubiló como catedrático del Ramiro en 1972, al cumplir los setenta. Sin embargo, nos consta que, en determinadas ocasiones, impartió clases excepcionales, con motivo de especiales circunstancias. Por ejemplo, la celebración del aniversario de alguna promoción determinada.
En su libro 'Reflexiones sobre el hombre, la vida, el tiempo, el amor y la libertad', publicado en Zaragoza en el año 2002, se incluyen algunas de ellas.








Yo no sé si, como dice el título de este artículo, esta clase del padre Mindán, cuyo texto incluimos más abajo, fue la última o no (aunque es muy probable), pero sí me ha parecido muy interesante reproducirla aquí, tanto por el tema tratado como por las circunstancias que la rodean. Sobre todo, teniendo en cuenta que este blog tiene su origen en la celebración del medio siglo de nuestra promoción.
Se produjo con motivo del cincuenta aniversario de la promoción de 1948, precisamente la de nuestro año de nacimiento, y tuvo lugar, en un aula del Ramiro, el 27 de marzo de 1998 (cuando nuestro profesor tenía la nada despreciable edad de noventa y cinco años). La transcribo tal como aparece en su libro.


El ideal pedagógico del Ramiro de Maeztu

Solía comenzar mis clases con una sentencia, un aforismo o una frase de un autor famoso que ligeramente comentábamos antes de pasar al asunto del día. Hoy la frase que se me ocurre es un verso de Virgilio, en el tercer libro de las Geórgicas, que dice: "Fugit interea, fugit irreparabile tempus" (Huye entretanto, huye el tiempo irrecuperable). Lo vemos y sentimos en lo velozmente que han pasado estos cincuenta años. Parece que era ayer cuando os veía correr por esos patios, subir esas escaleras llenos de brío y de vigor, cuando estabais sentados en las aulas, los del "A" en el ala del mediodía, los del "B" en el ala del norte. Me acuerdo aún de la posición de muchos de vosotros en clase, y ahora a muchos no os reconocería, porque estáis aquí con arrugas en la frente, con los cabellos blancos, otros ni siquiera los tienen. Tenéis vuestras carreras terminadas y vuestras profesiones cumplidas, pero todavía estáis en una edad de oro para poder hacer algo importante en la vida y eso os debe confortar y hacer vivir con esperanza.

En cambio, el tiempo ha pasado por nosotros con mayor estrago, aquí encuentro estos profesores compañeros míos, que no serían capaces de formar un equipo de fútbol para jugar contra los alumnos el día de Santo Tomás, como hacían entonces. Me acuerdo con qué brío luchaban pero casi siempre perdían. En cuanto a mí, estoy viejo y maltrecho como una lámpara rota. Efectos del tiempo veloz.
Dicho esto, paso al asunto de hoy. Es hablaros del ideal pedagógico que tuvimos para hacer lo que hicimos con vosotros. Ello fundado en el pensamiento y la doctrina de nuestro titular Ramiro de Maeztu. Muchos ignoran esto, incluso algunos que fueron aquí profesores, pero estábamos un núcleo que animábamos a todos desde ese ideal y esos principios.

Voy a hacer un poquito de historia. En el año 1923, en el mes de septiembre, el Gobierno Español solicitó de la Liga de las Naciones que entonces estaba en Suiza, en Ginebra, que reconociese el bachillerato español como apto para entrar en las Universidades europeas. La contestación fue tajante: ¡No! Y la razón porque el bachillerato español tiene un nivel muy por bajo del bachillerato normal europeo. Esto contristó a muchos, pero era verdad. A mayor abundamiento, por aquellos días, el mismo 13 de septiembre, el día en que se instaló la Dictadura, (o la "Dictablanda", como la llamaban algunos), del General Primo de Rivera, aquel día El Debate, uno de los dos mejores periódicos de la España de entonces, publicaba una entrevista con el Padre Ledochowski, General de los Jesuitas, que venía de visita a España y le preguntaron: ¿Qué le parece a Vd. los planes de estudio españoles y en especial los de Enseñanza Media? Y él contestó: Muy malos, parece que se han hecho de intento mal, son irracionales, van a destrozar las inteligencias en vez de prepararlas y eso es una pena en un país como España que tiene tantos talentos. El Padre Ledochowski conocía muy bien la situación del mundo, llevaba doce años de General de los Jesuitas y estaba acostumbrado a recorrer varios países.

Entonces Ramiro de Maeztu estaba de corresponsal en Londres, había estado antes en Berlín y en París, pero ahora estaba en Londres representando al periódico El Sol, otro de los dos grandes periódicos. Era un periódico de los intelectuales de izquierda, dirigido por D. Manuel Aznar, abuelo del actual Presidente del Gobierno, y siendo corresponsal comenzó a escribir en El Sol dieciocho artículos llenos de sentido y de doctrina muy interesantes, yo los guardo, y en ellos comenzaba por reconocer el hecho de que verdaderamente la enseñanza en España estaba por debajo de los niveles que debía tener. La enseñanza universitaria no es más que enseñanza media, la enseñanza media es enseñanza primaria y la primaria es enseñanza de párvulos. Luego, dijo, hay que promover la cultura en España y se metía con los gobiernos tanto de derechas como de izquierdas que habían tenido descuidada esta labor.
La cultura, decía, es la fuerza de un país. Un país es grande por su cultura y pretendía que se formase un partido político llamado el Partido de la Cultura. Pero en otro de los artículos posteriores sostenía: La cultura de un pueblo, que es el principio de su grandeza, depende de la enseñanza media. En todos los países que tienen una enseñanza media floreciente tienen una cultura extraordinaria y los que la tienen baja y deficiente tienen una cultura pobre y esto le pasa a España. Hay que preocuparse de la enseñanza media, del bachillerato, y daba una serie de consignas en los artículos posteriores. La enseñanza media tiene que ser costosa, debe el Estado gastarse los cuartos en la enseñanza media, o que lo paguen los padres que puedan, pero sin dinero no se puede llevar esto a flote.

En segundo lugar la enseñanza media debe ser dura y exigente, nada de contemplaciones, hay que exigir el esfuerzo tanto de profesores como de alumnos; el esfuerzo y el éxito, o no se hace esfuerzo y no se va a ninguna parte. Hay que exigir. La enseñanza media debe ser, por lo tanto, selectiva, deben entrar en ella todos los que quieran, todos los que pasen el examen de ingreso. Ya os acordáis que se ingresaba a los diez años con un examen que ahora muchos alumnos a los dieciséis años, según cuentan los periódicos, no serían capaces de vencer, aquel examen que nuestros alumnos tenían a los diez años. Bueno, pues la enseñanza debe ser selectiva, se debe admitir a todos los que quieran, pero, cuidado, no dar el título sino a los que lo merezcan, porque sería un desastre nacional si a la universidad llegan incompetentes. Entonces tendríamos médicos que matan en vez de curar, tendríamos arquitectos a los cuales se les caen los edificios a los pocos días de construidos, tendríamos abogados que perderían los pleitos en vez de ganarlos, tendríamos profesores que van a sus clases a justificar el sueldo, pero no con el afán de enseñar todo lo que deben saber. Además, decía, la enseñanza media debe ser uniforme, es decir, todos deben estudiar las mismas cosas, debe ser enemiga de la especialización y daba sus razones; la especialización a una edad temprana impide al hombre ser testigo del horizonte cultural y sabrá hablar sólo de aquello en que se ha especializado; es como el que se mete en un pozo y allí descubre tesoros, pero ha perdido el horizonte humano, el horizonte de la cultura humana.

De las tres enseñanzas que hay, la enseñanza primera o primaria es homogénea pero no selectiva, es para todos los que van; la enseñanza universitaria es selectiva pero no homogénea porque cada facultad o cada escuela enseña lo suyo propio; la enseñanza media es homogénea y selectiva.

La enseñanza media debe ser humanista, llamando humanista a las disciplinas tradicionales que siempre se han cultivado. Las tres disciplinas que han de ser el nervio de la enseñanza media son las matemáticas, las lenguas clásicas y la filosofía. Estas tres asignaturas que son difíciles para los chicos.

Tiene que ser sobre todo humana. En el hombre hay que atender a dos facetas esenciales de su educación, hay que educarlo primero como hombre y ciudadano antes de como profesional y luego tiene que ganarse la vida con una profesión y tiene que estudiarla y formarse en ella, educarse en ella. Lo segundo corresponde a la Universidad, pero lo primero formar hombres, realmente educar para hacer hombres, esto pertenece a la enseñanza media y esto es lo que nosotros asumimos, quisimos hacer de vosotros ¡hombres!, hombres cabales. Para eso nos propusimos desarrollar todas vuestras facultades y todas vuestras facetas humanas.

En primer lugar, por exigencia de la Ley y por necesidad, porque teníamos que prepararos para la Universidad y además era una actividad que no podían sustituir las familias ni las asociaciones privadas, era la preparación intelectual. Éste era el primer deber que teníamos. Prepararos intelectualmente y nuestra preparación no consistía en daros datos y atiborrar vuestra inteligencia de conocimientos. No, "non multa sed multum", no muchas cosas, sino mucho y bien. Por eso tratábamos más que de daros conocimientos de desarrollar vuestras facultades intelectuales porque eso es educar, "educere" educar, sacar de dentro lo que se tiene, desarrollarlo y en el hombre que es hombre libre, según unos determinados ideales. Pues bien, nosotros tratábamos de desarrollar de vuestra inteligencia los valores esenciales. Hay cuatro factores intelectuales que son necesarios para toda actividad humana. El uno, el factor cálculo, que lo dan preferentemente las matemáticas, el segundo el factor abstracto que lo da principalmente la filosofía, porque no sólo hay que tratar con cosas y cacharros, hay que tener ideas que son las que fecundan la realidad. Para tener ideas hace falta un pensamiento abstracto y la filosofía contribuía mucho a esto. Hay otro factor que es la relación del pensamiento con la expresión. El hombre es un animal lógico, un animal que habla, que se comunica con los demás y por lo tanto tiene que tener perfecta adecuación entre lo que piensa y lo que quiere decir y esto se consigue desde luego con la lengua propia, pero sobre todo con las lenguas clásicas que son lenguas sabias. Los que no las han estudiado bien no saben esto. Pero los que las hemos estudiado detenidamente, sabemos que hay modos de expresión en esas lenguas que no se encuentran en las modernas. En cuarto lugar, hay otro factor que es la relación del pensamiento con la práctica, con la acción, es decir, que uno haga lo que piensa y que lo que ha hecho resulte según él lo ha pensado. Esto se ejercita sobre todo en los laboratorios y en los talleres; es donde la acción se perfecciona.

Pues bien, estas son las cuatro cosas que quisimos desarrollar en vosotros y creo que se hicieron. Para eso, por ejemplo, huíamos del memorismo a pesar de reconocer la importancia de la memoria, porque sabíamos y sabemos que sólo se sabe lo que se recuerda, pero, una cosa es esto y otra cosa aprenderse de memoria cosas que no se han entendido, y esto había que evitarlo. Aún así, alguno de vosotros me engañó. Sé que se aprendió la filosofía de memoria pero, naturalmente, bastante trabajo tuvo.

Además, nosotros no queríamos que fueseis gente pasiva e inactiva, sino que contribuyeseis también a vuestra formación, porque estábamos convencidos de que la educación, si no es autoeducación, no es nada. Es decir, si el educando no asume los principios educativos, lo que se le quiere enseñar, es inútil nuestro esfuerzo. Es como si se echara agua sobre el mármol o se tirase una pelota contra la pared, las ideas les rebotarán lo mismo. Hay que poner algo de suyo como en las preguntas, en los escritos, en la ordenación del propio trabajo, en fin, entonces, os dábamos las consignas para esto.

Bien, pero un hombre no es sólo inteligencia, teníamos que cuidar otros factores vuestros. Lo primero sois hombres de carne y hueso, tenéis un cuerpo. Os recibíamos aquí niños, en la Preparatoria de seis años, o en el Instituto de diez y había que sacaros hombres a los diecisiete o dieciocho años. Y, claro, teníamos que atender a vuestro cuerpo, queríamos hombres sanos y fuertes y para eso estaba la gimnasia, estaban los deportes.

Acordaos que el primer acto de la mañana era media hora de gimnasia para todo el Instituto. Formado en el campo de fútbol, bajo la dirección del Comandante Marcos Daza. Se hacían unos ejercicios para desentumecer y calentar el cuerpo. Luego, durante el día, se daban, bien en el gimnasio, bien en el campo libre, las clases de gimnasia que exigía el Plan de Estudios. Pero, además, nos preocupábamos de los deportes. Al principio, todo el mundo, todos los alumnos, se dedicaban a dar patadas a balones; parecía que el único juego que había aquí era el fútbol. Pero pensamos que el monodeportismo no es educativo, y entones pusimos, ahí fuera, dos campos de baloncesto con sus cuatro cestas, pusimos un frontón de pelota, un campo de tenis, que estaba junto al parque de juegos infantiles, donde está ahora el polideportivo Antonio Magariños. Teníamos una piscina, vosotros la gozasteis. Estaba abierta desde San Isidro hasta la Virgen del Pilar, todo el verano a disposición de los alumnos que quedaban en Madrid, y también el último mes de curso y el primero. A veces se hacían campeonatos de natación. En fin, teníamos otros deportes. Por ejemplo, el Instituto compró cuarenta equipos de esquí y los ponía a disposición de los alumnos que, los días de fiesta, durante el invierno, querían ir a la sierra con algún profesor y mientras duraban las nieves. Fletábamos un autobús por nuestra cuenta; luego el autobús quedó definitivamente asignado al Instituto, con su chófer, aunque estaba en el parque móvil de los coches oficiales.

Después se crearon otros deportes, pero el que más cuajó fue el baloncesto, y hace ahora cincuenta años, culminó el baloncesto en la fundación del Club Estudiantes. Se construyó, un poco después, un campo cubierto para el baloncesto, que luego le hemos llamado "la nevera", por el frío que hacía hasta que, más tarde, se hizo el polideportivo Magariños.

Pero, además de los deportes, como complemento teníamos nuestro servicio médico. Había dos médicos constantemente mientras estabais en las clases. Sobre todo uno era muy buen médico, el doctor Pérez Vázquez. Cuando os pasaba algún incidente o accidente, alguna pequeña cosa, se iba al servicio médico. Pero el médico no solamente era eso; al principio de curso preparaba una ficha médica de cada alumno, de la cual disponía el Director del Centro y el Servicio Psicopedagógico; y teníais, además, un dentista que venía todos los sábados y gratuitamente os atendía.

Pero, como no sólo sois cuerpo, había que atender también a la formación espiritual, moral y religiosa. Además de los profesores de Religión, que os daban datos y teoría religiosa, disponíais de un Director Espiritual que os atendía varias horas al día; él no daba ninguna clase, pero os daba un retiro mensual, os daba ejercicios espirituales al año, y todo esto, con el interés de formaros religiosamente. Todo ello sin beaterías, sin grupos exclusivos, sin luchas, con respeto absoluto a vuestra libertad y a la libertad de los que tenían otra religión, o de los que no tenían ninguna; porque, os acordáis, que en este Instituto había reconocidas varias religiones. Teníamos un grupo de musulmanes a los cuales se puso en el Internado una habitación alfombrada para que hicieran sus oraciones y se trajo un Imán para que les ayudase, les instruyese y les dirigiese en lo religioso. Y había también un grupo de protestantes o evangélicos, en general hijos de alemanes que habían pasado aquí la II Guerra Mundial, o eran hijos de diplomáticos noreuropeos, y a esos también se les tenían especiales atenciones, de modo que no había fobias ni se discutían aquí las cosas de tipo religioso.

Y lo mismo que se cuidaba de vuestra educación física y de vuestra educación espiritual, nos cuidábamos de  muchos otros aspectos formativos; no hay tiempo para hablar de todos ellos. Por ejemplo, en el aspecto social, es verdad que había aquí hijos de ministros, hijos de catedráticos de universidad, hijos de potentados económicamente, incluso algún príncipe; pero también es verdad que había hijos de lavanderas, hijos de porteros, y hasta huérfanos de Auxilio Social, de los cuales probablemente en vuestro curso habría alguno, porque queríamos que conviviesen aquí ricos y pobres, que se conociesen y se fuesen entendiendo previendo las luchas del mañana. Y más. Llegaba esto a mucho más. Acordaos que para Navidades siempre hacíamos visitas a los barrios pobres de Madrid, principalmente a Vallecas, y allí se compartían con los chicos que lo necesitaban juguetes, ropa, dinero, etc.

Hay un factor que para nosotros fue muy importante, que fue vuestra educación o formación estética y artística. Esto, en muchos institutos no se comprendía bien, pero nosotros creíamos que para formar al hombre, la delicadeza del hombre, esto era necesario. Y por lo que toca a las artes plásticas, desde las clases de dibujo se fomentaban; ahí está Cobos, está Ayala, y antes García Saúco, Aragoneses, aquel buen muchacho que nos hacía aquellos dibujos tan amables en todas las cosas que imprimíamos. Teníamos también un taller de modelado y pintura que dirigió algún tiempo vuestro compañero Barón. Pero, partiendo de ahí, os llevábamos a visitar todos los museos de Madrid. Sobre todo aprovechábamos los viajes que organizábamos para conocer artísticamente toda España. Si os acordáis, teníais viajes todos los cursos, los tres primeros cursos era excursión de un solo día y se iba en general dentro de la provincia, o a Aranjuez, o a Alcalá o a El Escorial. Después, ya en cuarto y quinto, se tomaban dos días y ya se iba a Toledo, a Segovia, a Ávila, y luego cuando ya las excursiones se convertían en viajes de estudio auténtico era en sexto y en séptimo. En sexto eran cinco días y en séptimo eran, por lo general diez días. Hubo veces que se extendieron a doce. Hicimos excursiones a toda España, a Francia, a Italia, a Portugal y al norte de Marruecos.

Hay otro aspecto artístico en el que teníamos especial interés y era la música. No todos los institutos tenían profesor de música. Vosotros los teníais muy buenos. ¿Os acordáis del Padre Enrique Masó? Un gran profesor y una gran persona. Después ha habido otros profesores como el Maestro Benedito. Ahora tenéis uno muy bueno Palazón y la Srta. Carmen Fillol. Pero aparte de tener profesores también fomentábamos los coros y las rondallas, pero sobre todo los conciertos. En primer lugar teníamos la facilidad de oír conciertos de piano, porque uno de nuestros profesores, Catedrático, Leopoldo Querol era un pianista formidable y nos daba con mucha frecuencia conciertos. Y también un sacerdote buenísimo del que os acordaréis, el Padre Ignacio Isasmendi que era Capellán del Centro, nos daba alguna vez conciertos de órgano en el Espíritu Santo. Pero aparte de esto gozamos conciertos de las Orquestas Sinfónicas mejores de España. Aquí venían la Orquesta Nacional, la Orquesta Municipal de Madrid, la Orquesta de Radio Nacional, que dieron conciertos famosos. Aquí venía la Agrupación Nacional de Música de Cámara que nos dio muchos conciertos. Aquí venían muchos especialistas famosos, aquel pianista Cubiles, el guitarrista Regino Sainz de la Maza, Joaquín Rodrigo. Todos ellos con su palabra y su ejecución nos han enseñado a través de los cursos, y hemos gozado con sus intervenciones. También teníamos quienes nos daban charlas educativas musicales hombres como Federico Sopeña, como Fernández Cid, como Antonio de las Heras, como el Padre Nemesio Otaño, que era el Jefe del Conservatorio Musical de Madrid.

Hubo algunos que fueron una delicia. Me acuerdo de un año en que la Agrupación Nacional de Música de Cámara nos dio todos los Cuartetos de Beethoven en tres o cuatro conciertos de una manera maravillosa. Además tuvimos tres Conciertos Sinfónicos. Me acuerdo otro año en que se dio la música romántica: Schubert, Schumann, Chopin. Y otro, que fue el año de las Sonatas. Se dio la Sonata de Violín, la Sonata de Piano, la Sonata de Violonchelo, la Sonata de Guitarra, la cual nos la dio Regino Sainz de la Maza. Realmente eran cosas que llegaban al alma. En vuestro curso, cuando vosotros estudiabais séptimo, el curso 1947-1948, tuvisteis dos conciertos muy importantes en el mes de diciembre, uno de Mendelson del cual se celebraba su centenario y otro sobre Brahms del cual se celebraba el cincuentenario. Luego tuvisteis otras cosas. en enero se os dio unas explicaciones y unos conciertos de música infantil. Se os dio después también la Suite Iberia de Albéniz completa.

Pues bien, dejemos ya de facetas y de modos de contribuir a vuestra condición de hombres. Lo cierto es que todo lo que nosotros pensábamos que podía contribuir a haceros hombres lo poníamos a vuestra disposición. Por ejemplo, creíamos que un hombre debe saber nadar y ya he dicho que teníais la piscina, que un hombre debe saber montar en bicicleta y teníamos cuarenta bicicletas a vuestra disposición, que a veces se empleaban para ir a ver un museo o ir a ver una fábrica; pero también las empleamos, no sé si os acordáis, para un concurso ciclista desde el Centro a El Escorial. Nos trasladamos a El Escorial todo el Instituto completo, cerca de dos mil alumnos; fletamos un tren y pasamos el día en El Escorial, pero los alumnos concursantes con algún profesor vinieron con su bicicleta desde la puerta del Instituto hasta la estación de El Escorial; les perdonamos la subida última. Al final se dieron los premios. Creíamos, por ejemplo, que un hombre, sobre todo intelectual debe saber escribir a máquina, entonces no había ordenadores y naturalmente os pusimos una profesora de mecanografía y taquigrafía para el que quisiera, eso era voluntario. Creíamos que un hombre debe saber sacar una fotografía, no solamente sacarla sino saber revelarla y ampliarla y teníamos un taller de fotografía para eso. Todo hombre aspiraba a tener un coche y teníamos un taller de automovilismo para que os preparaseis. Esto aparte de otros talleres para los que querían probar su habilidad para hacer cosas perfectas como era el taller de metalotecnia, el de carpintería. Al que todos teníais mucha afición y en el que no cabían siempre todos era el taller de transmisiones, donde se estudiaba telegrafía, telefonía, radio. En fin, todo lo que podía contribuir a vuestra formación lo pusimos a vuestra disposición. Y es que nosotros no queríamos hacer de vosotros marionetas que manejaran por ahí la gente a su arbitrio, ni queríamos hacer máquinas especializadas para producir. Queríamos hacer hombres enteros, cabales, dueños de sí y de su propio destino, que fuesen capaces, con todas sus facultades suficientemente desarrolladas, de emprender cualquier carrera o profesión a la cual su vocación les empujase.



Ya sabéis que todos los libros de D. Manuel Mindán se pueden conseguir en la bonita librería Pérgamo (General Oráa 24), que se conserva intacta desde nuestros tiempos del Ramiro.
En ella, Lourdes Serrano, su propietaria, os atenderá estupendamente. Sabe mucho del Instituto y, en especial, del padre Mindán (fue él quien la bautizó).
Os recomiendo que la visitéis y habléis con ella. Ya no quedan en Madrid muchas librerías como Pérgamo. Y, todavía menos, expertas libreras con la categoría de Lourdes Serrano.

Sin duda, esta histórica librería y su dueña se merecen que pronto escribamos un artículo sobre ellas en nuestro blog.